La Muralla marítima, urbanismo feudal. Antonio Cánaves Martín.
A principios del siglo XX se considero un gran logro del progreso, derribar las murallas renacentistas de Palma, para abrir la ciudad al mar. Hoy los prohombres visionarios del futuro vuelven a construir la muralla para cerrarla al mar, solo que mucho mas alta y mas larga, para que el esplendido escenario de la bahía este reservado al reducido grupo de privilegiados, que puedan costear el elevado precio de las celdas de lujo en primera línea.
Para los miles de residentes que nacieron o en su día decidieron irse a vivir cerca del mar, les cierran el telón del escenario del mar y se tendrán que conformar con mirarles el culo a las moles de los ricos. Vuelve el urbanismo feudal, donde a imitación de las fortalezas de nobles y reyes, que desde lo alto de sus castillos divisaban sus tierras, enemigos y siervos.
Igual pasa con Son Dureta: nos arrebatan un lugar privilegiado desde el que todos los ciudadanos, sin división de clases, podíamos disfrutar de hermosas vistas mientras estábamos convalecientes, y ahora nos relegan a lo que en algunos años será una agobiante olla urbana llamada Son Espases.
Se empezó rompiendo la panorámica de los molinos centenarios con la construcción de los monstruosos mazacotes de Càn Pere Antoni sobre un humilde barrio de pescadores, abriendo una herida en el horizonte para los miles de habitantes y visitantes del lugar. La llamada fachada marítima viene a prolongar esta muralla del siglo XXI, (como un clon de los miles que se construyen por el mundo) para que los Palmesanos, no se olviden de que son 'el populacho' y lo único que se merecen es que se les encajonen en este recinto carcelario sin vistas. ¿Si pudiesen ejercer de ciudadanos, que otra cosa hubiesen querido, que dejar el único lugar de la ciudad abierto al mar como zona de esparcimiento, continuación del Parque del Mar, que se adentra por los descampados del Pol. de Levante y la soledad y lo une con el campo como un pasillo ecológico ajardinado; aprovechando el edificio de Gesa para usos culturales públicos, como un inmenso balcón al mar para el pueblo?. Pero no, en Palma no hay ciudadanos con derecho a decidir, existe la masa que traga y vota cada cuatro años. Populacho, a los que se les alecciona, que su máxima aspiración de libertad, a de ser, vivir apiñados en barrios dormitorio, para que con sus coches, puedan llegar cuanto antes al trabajo y puedan producir mas y mejor para enriquecer a otros. Con la ilusoria aspiración (si el Dios Capital lo permite) de llegar a comprar un piso de lujo, como los que ahora les impide ver el mar, el campo o el cielo, y así cerrar el circulo de un urbanismo de descerebrados a medida de especuladores.
De modo, que a los pobres nos arrebatan el paisaje urbano y nos imponen desde arriba el suburbio: como ha sucedido en Jacint Verdaguer o va a suceder en Son Busquets, porque la penosa realidad es que el paisaje de la mayoría de barrios es un amasijo de coches, asfalto y fachadas como nichos de cementerio pero sin flores.
Así, las autoridades con el estandarte de edificios emblemáticos y proyectos faraónicos, no prevén sus secuelas sobre la calidad de vida del resto de ciudadanos y se desentienden de hacer emblemáticos los barrios mas degradados.
¡Que gran logro del urbanismo! Ofrecer vistas en primera línea de mar a un centenar de ricos, para en primer lugar: quitársela a varios miles de pobres en segunda, tercera o cuarta línea… que se pierde en el escalonado horizonte; y en segundo lugar: cortarles el ángulo de visión a la ciudad, a los miles de transeúntes, que cada día deambulan por el paseo marítimo.
Más de 5.000 años de urbanismo no han servido para que las actuales figuras económicas y políticas, sean capaces de idear otra cosa que una ciudad carcelaria donde el ciudadano como el preso solo trabaja, duerme o conduce. Los sitios de la ciudad por donde la gente gusta de pasear y contemplar, o tienen sabor añejo, o vistas espaciosas a la naturaleza. No gustan, ni por su planificación actual, ni por sus modernas edificaciones.
Lo inverosímil del caso es que por un lado derriban las viviendas militares de Es Baluart des Princep por su impacto visual, y a su lado construyen otro atroz mamotreto.
Durante 40 años y hasta día de hoy, no tuvieron ningún reparo en ofrecer a los turistas, como carta de presentación a la entrada a Palma, la aberración urbana de los edificios semiderruidos del solar de Gesa parcheado con vallas publicitarias. Ahora a toda prisa van corriendo a edificarlo, no sea cosa, que otros se lleven la comisión.